A las 9 de la mañana ya estábamos entrando en el Louvre mientras la gente hacía cola en las taquillas ¿he dicho ya lo mucho que mola el “musseum-pass”?. Nos lo pasamos genial recorriendo todas las salas, el edificio por si solo ya es una pasada. Me pareció bastante absurda la actitud de la gente con respecto a las obras, como por ejemplo con La Gioconda donde se masifica todo el mundo sacando fotos, o en La Venus de Milo. Que yo no digo que no se merezcan esa atención, lo que digo es que allí estaban otras obras de Leonardo impresionantes también y la gente pasaba de ellas, igual que de La Victoria de Samotracia y otro montón más. En fin, ellos se lo pierden, nosotras desde luego no lo hicimos XD



Salimos del Louvre a eso de las 16.00 cansadas pero felices. Fuimos a ver La Madeleine, nunca me había imaginado que fuese tan inmensa, cuando salimos del metro y nos encontramos ese edificio gigante con esa columnata de columnas corintias de 64 metros de altura… Al entrar no te esperas que sea un sitio tan acogedor y calido, sin duda La Madeleine se ha ganado un puesto privilegiado por méritos propios entre lo que más me ha gustado.

Fuimos a ver l’Opéra aunque estaba cerrada y sólo pudimos verla por fuera. Tuvimos que racionar las fotografías ya que la batería, de sacar tantas fotos en el Louvre, estaba agotada. Paseamos por los Boulevards y nos dirigimos a la Place de la Concorde, el Obelisco se veía precioso con los rayos de sol a su espalda y hasta las farolas son una, como diría mi hermana, cucada.

Nos fuimos andando al Grand Palais donde se nos caía la baba con la decoración Art Noveau. Enfrente del Grand Palais teníamos el Petit Palais, disfruté especialmente en el jardín interior.
Buscamos una boca de metro para ir a Montmartre, salimos a Place de Abbeses donde vimos la boca de metro Art Noveau que nos faltaba XD Fuimos paseando hasta Sacré-Coeur donde pudimos disfrutar de unas espectaculares vistas de París. En la iglesia estaban dando misa, durante la misma una monja cantó con un pequeño coro y nos dejaron embelesadas con aquellas voces tan dulces y melódicas, fue un momento muy especial.

Vimos St-Pierre de Montmartre y luego fuimos paseando (parándonos en las tiendas de souvenirs y también a comernos unos crepes) hasta el Mouline Rouge.

Nos pillamos el metro e hicimos dos paradas de camino al hotel. La primera para ver el Hôtel de Ville y la Conciergerie, la segunda para ver la Place de la Bastille, Colonne de Juillet, la Place des Vosgues y la Maison de Victor Hugo.

Así terminó nuestro segundo día en París. Nos acostamos nada más llegar ya que además de estar molidas al día siguiente teníamos que levantarnos temprano ya que íbamos a Versalles.