mayo 27, 2008
La verdad es que por suerte para mí tengo un trabajo bastante agradecido, quitando las facturaciones (cobrarle a alguna gente sobre todo), y el trabajo de oficina lo demás suele ser de lo más llevadero. Sin preocuparme de que se convierta en una profesión algo monótono ya que cada sitio, cada actuación, cada público es diferente. Algunas veces, como el otro día, nos suceden cosas que todavía me reafirman más esta opinión.
Estuvimos actuando en Punta Umbría en la comunión de una niña, algo que no suele ser habitual ya que no solemos trabajar en muchas comuniones. Resultó que la madre y tíos de la pequeña habían estado buscándonos ya que cuando eran unos niños he hicieron la comunión fueron mis padres lo que actuaron para ellos.
Me resulta muy complicado explicar lo que sentí cuando vi cómo a esas personas se les iluminaba la cara cuando mi padre entró en el salón cargando bártulos con nosotras. Ver cómo se levantaban de las mesas y se acercaban a mi padre con la mirada de los niños que fueron a decirle que él había actuado en su comunión y que todavía recordaban lo bien que se lo habían pasado, cómo fueron a estrecharle la mano y darle dos besos y decirle que era el mejor ^^
Fue un momento mágico, de esos que pocas veces se presencian, y me llenó de orgullo ver cómo una actuación de mis padres había calado tanto en esas personas para que después de más de veinte años todavía se acordasen y al verle a él conectasen de nuevo con ese niño interior que todos llevamos dentro.
Siempre recordaré la ovación que le hicieron cuando apareció en la actuación. Sin duda fue un día en el trabajo de lo más especial que ya siempre atesorare entre mis mejores recuerdos.







